La vida es un jardín en el que nosotros vamos a sembrar las semillas que tenemos. Es beneficioso tener esto presente: lo que va a crecer en nuestro jardín depende de las semillas que sembremos en él.

Esto será lo que, en última instancia, determine lo que veremos en él y lo que comeremos de él. Por supuesto, hay otros factores. A veces no lloverá cuando lo necesitemos, o el sol puede actuar con más o menos fuerza de la que creemos mejor…y hay cerdos que gustan de comer los pequeños brotes o de destruir lo que otros sembraron. Pon una cerca que impida a los cerdos entrar, y espera el momento en el que la lluvia llegue a bendecir la semilla que sembraste. Pero no uses las dificultades y aparentes contrariedades de la vida como un pretexto para no sembrar, o para sembrar algo de poca calidad. Porque la verdad se mantiene: lo que se desarrollará será lo que sembramos. Y la semilla tiene que estar bajo tierra cuando la lluvia llegue. Aprovecha el presente, porque si siembras cuando ya está lloviendo, lo estás haciendo tarde. La semilla se siembra, y necesita de un tiempo de soledad y oscuridad antes de manifestar lo que tiene dentro de sí. Comprende el proceso. Empieza ahora. Sin prisa pero sin pausa. Con diligencia y con paciencia. Empieza ahora.

Hay una verdad que algunas veces pasamos por alto: la acción empieza con un pensamiento. Hay algunas acciones que no queremos realizar en nuestras vidas, ciertas actividades que pueden haberse convertido en vicios, y que nos apremian para verse expresadas, algunas veces con mucha fuerza. Si somos observadores, podemos descubrir que cuando esto sucede, han tomado esa fuerza a través de un pensamiento constante en ellas que, por la misma naturaleza de la fuerza que han acumulado, quieren manifestarse a través de nuestras acciones. Y es correcto que usemos la fuerza de voluntad para refrenar una palabra o una acción que podría traer consecuencias indeseables para nosotros mismos o para los demás. Está bien usar la fuerza de voluntad para corregir el impulso y dirigirlo hacia el fin deseado. Pero también podemos evitar esos momentos de lucha intestina estando más atentos al proceso de pensamiento habitual. Corregir la acción desde el momento en que es sólo un pensamiento, ya que la acción es simplemente el pensamiento expresado a través de nuestro cuerpo. Cuídalo cuando todavía es pequeño y no tendrás problemas con él cuando sea grande. Selecciona la simiente para que te regocijes en el árbol que se desarrolla.


Siempre debemos estar atentos a lo que estamos cultivando. Cultiva lo mejor. Pocas cosas más nocivas que utilizar una disculpa filosófica para justificar los hábitos que causan daño. Observa los estados interiores que son favorecidos por las palabras aparentemente bellas que se publican en ciertos lugares, y renuncia a los que están justificando las creencias y las costumbres que traen más lágrimas al mundo. Que un pañuelo perfumado no oculte un fruto podrido. Elige lo mejor, especialmente en lo que das, puesto que es lo único que puedes decidir y controlar plenamente. Los estados rectos son casi siempre laboriosos al principio, a veces incluso dolorosos, pero siempre traen resultados bienaventurados y dulcísimos.


El mundo y la gente pueden presentar ante nosotros cualquier cosa. Nosotros no podemos elegir qué es lo que la vida pondrá ante nosotros. Pero siempre, y quiero decir siempre, podemos elegir nuestra respuesta ante lo que se presenta. Tu pasado perdónalo y tu presente atiéndelo. Lo que pasó ya pasó. Si no quieres que tu vida apeste no cargues cadáveres contigo.


Un ser humano digno no se queja. Quejarse implica que no aceptamos las cosas como son. Y para poder hacer de nuestra vida una obra de arte, lo primero que tenemos que hacer es tener los pies en la tierra y aceptar las cosas como son. Además, al no aceptar las cosas como son, y quejarnos, también estamos lanzando hacia el universo y las personas pensamientos, palabras y acciones de ingratitud y carencia, cuya respuesta se presentará ante nosotros inevitablemente. Da lo mejor de ti. Haz lo máximo posible. Nadie te va a pedir más, pero no tienes derecho a dar menos.
San Francisco de Asís era un hombre muy simple con una visión muy elevada y una forma muy práctica de hacer las cosas. Podía pasar más allá de los detalles que se creen necesarios para realizar una cosa y, enfocándose en el resultado final, simplemente hacerla. “Para hacer algo, hay que hacerlo”, podría decir. Y ofreció una fórmula mágica para aquellos que quieran utilizarla: “Empieza por hacer lo necesario, después lo que es posible, y de pronto te encontrarás haciendo lo imposible”.


Nuestra historia se crea con palabras. Por eso es conveniente que encontremos las mejores palabras posibles. Las mejores creencias. Las mejores historias. Los invito a meditar y a leer. Aquellos que quieren crear su vida por sí mismos pero no quieren conocerse profundamente, o cultivarse, van a crear historias limitadas. Peor aún quienes quieren crear sus propias historias mientras ven la televisión o miran incesantemente las redes sociales: van a reproducir en su vida las ideas de la prensa, las ideas de las telenovelas, las ideas de la gente que está allá afuera haciendo mucho ruido y cuyas ideas no siempre son las mejores. Nuestros pensamientos, palabras y obras son semillas que vamos sembrando en la vida y cuyo fruto se verá más adelante.


Vive con dignidad. Estudia la sabiduría. Hay cosas que han funcionado durante miles de años y cuyos principios no han cambiado aunque estemos en la era de la tecnología: el odio se disuelve con el amor y no con el odio, haz lo que amas y ama lo que haces, di la verdad, da lo que quieres recibir. Esto ha funciona, funciona y seguirá funcionando hasta donde soy capaz de ver en este momento. Así que, alinea tu vida con el curso de los principios que llevan al destino al que quieres llegar. Si hay una herida en tu corazón, cúrala, porque la sabiduría no se usa para ignorar la vida que se siente, sino para curarnos más rápidamente y mantenernos en el buen camino mientras nos curamos. Cúrate, para que el dolor que sientes bajo la superficie no te haga elegir erróneamente en el mundo exterior. Hazte amigo de ti mismo y escucha tu corazón. El corazón a veces debe ser obedecido y a veces educado. Pero escúchalo siempre. Que tu mente y tu corazón estén bendecidos con la sabiduría y con el amor, y estáte atento a los dos. No transformamos lo que no tocamos. Debemos ser valientes para sanar nuestras heridas. El sentimiento, así como la plastilina, primero se toca y entonces se transforma.
“Siembra un pensamiento y cosecharás una acción. Siembra una acción y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino. Y ese destino será tu vida”.

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