Aprendizajes Erróneos y Experiencias No Digeridas

Hay dentro de nosotros una partícula Divina que comparte los atributos de la Fuente Divina de la que salió: amor infinito, paz completa, felicidad plena, sabiduría total, belleza inalterable.

Tenemos esa partícula lista para expresarse y un anhelo poderoso de expresarla.

Hay algo dentro de nosotros que no consideramos parte de esa partícula divina. Una parte que parece ir en contra de nosotros y de los demás. Algo que nos impide experimentar y expresar nuestra más alta naturaleza. En algunas nuevas corrientes espirituales se ha vuelto muy común llamar “ego” a esa parte.

El “ego” ha venido a convertirse en una especie de chivo expiatorio de todo lo que no nos gusta de nosotros mismos, de todo lo que no queremos aceptar como parte de nosotros. Si gritamos culpamos al ego, si no actuamos con nobleza él es el responsable, si lloramos o hacemos llorar es porque seguimos al ego. Se ha abusado tanto del término que puede representar conductas diametralmente diferentes: para algunos, si cedes a tus deseos carnales es debido a que el ego te poseyó pero, para otros, si no cedes a tus deseos carnales es porque tienes un ego muy soberbio que se cree superior a los demás.

Hay dentro de nosotros la posibilidad de expresar pensamientos, palabras y acciones que serán buenas para nosotros y buenas para otros. Sin que importe el nombre que les otorguemos, todos sentimos en nuestro corazón que esto es así.

También existe dentro de nosotros la posibilidad de albergar pensamientos, pronunciar palabras y cometer acciones que nos harán daño y/o se lo harán a los demás.

Lo que importa en todo esto, desde luego, es vivir felices y apoyar a los demás para que sean felices también. Hace poco comentamos que, de hecho, esta es la aplicación original de la palabra “ética”; hacía referencia a la forma en la que conviene vivir al ser humano para ser completamente feliz.

Podemos trabajar con nosotros mismos para expresar esa parte divina de nosotros y para limpiar nuestro corazón, nuestra mente y nuestro cuerpo de esa otra que nos daña.

El concepto que tenemos del “ego” es un poco amorfo y nebuloso, sobre todo cuando queremos hablar de su posible origen metafísico.

Sin entrar en consideraciones de esta índole, me gustaría proponer que pensemos en él como una serie de aprendizajes erróneos y experiencias no digeridas que han venido a formar una doble identidad en nuestro interior o un filtro contaminado que ensucia tanto las percepciones de lo que viene de fuera como las manifestaciones de lo que mostramos al mundo.

Piensa, por favor, en alguna actividad, palabra, pensamiento, hábito, emoción recurrente, situación o adicción que atribuyas al ego. Piensa también, si crees que puede ser atribuido a algo que te enseñaron antes de que supieras si era bueno o malo para ti, o si crees que se formó con una experiencia muy dolorosa de la que no te has recuperado completamente. Si puedes rastrear ese sufrimiento en cualquiera de estas dos causas, tienes también una forma muy clara y directa para trabajar activamente en cambiar tu vida: aprende y cultiva algo diferente y/o digiere tus experiencias y elimina lo que ya no te sirve para vivir en el presente. Pero veámoslos más detenidamente:

APRENDIZAJES ERRÓNEOS. Alguien te enseñó a beber alcohol, alguien te invitó a consumir cocaína, viste que otros formaban dramas o tragedias con sus vidas amorosas, aprendiste a llegar tarde, te mostraron que podías obligar a los demás a hacer lo que tú quieres cuando te enojas, te dijeron que debías reprimir tu sexualidad o que no hace falta ningún autocontrol (ambas cosas son dañinas, en mi opinión), empezaste a gastar más de lo que ingresabas, a comer sin tener hambre, a tomar pastillas para tranquilizarte, a hablar mal de los demás para quedar bien tú… y tiempo después tenías ya un hábito que no entendías ni controlabas bien y que te estaba haciendo daño. Algo que forma parte de tu “ego” o que es una manifestación de este.

Una forma muy directa de trabajar con esto es dejar de racionalizarlo y cambiarlo: desarrollar otro hábito. No te preocupes por entender qué sucedió o por culpar y hacer pagar a la persona que te enseñó lo que ahora te aleja de lo que anhelas. Sólo cambia el hábito. Aprende algo distinto. Aprende de ti, de tu experiencia, de tu inteligencia. Ahora que sabes que algo que aprendiste es erróneo, cámbialo. Ahora que la vida te enseñó y que Dios te abrió los ojos, aprende y actúa de una forma que no te daña ni daña a otros.

EXPERIENCIAS NO DIGERIDAS. Alguien te violó, te golpeó injustamente, te abandonó, te gritó, te insultó, perdiste un trabajo, te robaron, te criticaron, te malinterpretaron, te explotaron, o creciste en un ambiente de pobreza o ignorancia…y esto te ocasionó una herida emocional que te hace reaccionar en el presente de una forma irracional, como si todas las personas o las situaciones fueran réplicas de lo que fue. Permaneces con esa herida sin cerrar y cada situación roza la herida y te lastima, y tú piensas que todo es gris, cuando lo que en realidad sucede es que no has sanado. Estas situaciones apoyaron la formación de un cúmulo de respuestas que tienes al mundo exterior y que te impiden dar y recibir lo mejor de tus interacciones con el medio ambiente y las personas. Esto hace que reacciones al presente como si fuera el pasado y que tengas un futuro condicionado por lo que en realidad no deseas para tu vida.

Hay varias formas de trabajar con estas experiencias que necesitan digestión y que son parte también de lo que llamamos “ego”. Perdonar es la más poderosa; perdonar deja el pasado atrás y nos permite cerrar las heridas para que el presente no lastime lo que toca cuando llega a nosotros. Ver lo nuevo con ojos nuevos, esperando para que se muestre y no proyectando sobre él lo que ya conocemos. Reaccionando de una manera diferente ante lo que llega a nuestra vida. Convivir con personas que son como nosotros queremos ser; o que ya pasaron por lo que nosotros estamos pasando y llevan una vida deseable y armoniosa. Asistir a una terapia o una actividad que nos permita digerir lo que hay que digerir y eliminar de nuestro sistema los pensamientos, las emociones y las toxinas (físicas o emocionales) que nos dañan. Hacer nuestra labor en esta vida, decidiendo que nos definirá lo que hacemos, y no lo que otros hicieron.

Tener un concepto amorfo del ego no puede ayudarnos porque difícilmente un pensamiento confundido puede traer una acción clara.

Culpar por nuestras acciones al “ego” sólo nos permitirá reconocer intelectualmente que nosotros no somos eso que nos está dañando y saboteando, pero no nos liberará de su yugo ni de sus malos resultados.

Trabajar con nuestros aprendizajes y nuestros hábitos, así como digerir todo lo que pasa o pasó en nuestra vida, tomando lo útil y eliminando los residuos tóxicos, transformará nuestra vida, nos acercará al Ser…a Dios. Y viviendo así, podremos compartir lo mejor de nosotros y estaremos preparándonos para recibir también lo mejor.

Que Dios te bendiga, que seas muy feliz y que el Gozo y la Paz se multipliquen en tu vida.

El Loco.

Siguenos en Facebook
Suscribete