No Tomar Prestado El Dolor Ni El Daño De Otros, No Aceptarlos Por Debilidad
Si respetas aguerridamente tu libertad respetarás, asimismo, la libertad de los demás.

Si esclavizas tu mejor juicio a lo que otra persona decida por ti, exigirás también, que otros violen su bienestar en tu favor.

Si te proteges del daño que otros pueden hacerte, te mantienes sano y salvo. Estando sano y salvo puedes ayudarlos.

Si te dejas dañar, te hieres y te llenas de veneno. Lastimado y resentido, es probable que pronto quieras desquitarte.

Hay una historia maravillosa. El protagonista es el Buda.

Cuentan que una vez fue a visitarlo un hombre cuya única intención era insultarlo y hacerlo enojar. Lo insultó mucho, pero no lo hizo enojar. Después de que transcurrió un largo período de tiempo el Buda le preguntó:

-Amigo si alguien lleva un regalo y la persona a quien va dirigido no lo acepta ¿en posesión de quién queda el regalo?

-En posesión de quien lo lleva, claro está.

-Amigo, llévate tu regalo, no lo puedo aceptar. Y siguió meditando.

Esta es una forma sabia de proceder. Así nos garantizamos que no seremos dañados al hacer nuestros los “regalos de dolor” que puedan traernos nuestros semejantes.

Piensa en toda interacción, palabra, acción u objeto dirigido a ti como en una “regalo” tú decides qué regalos aceptas y qué regalos no aceptas. Incluso puedes decidir en qué momento deja de serte útil un regalo que aceptaste en el pasado, y del que, por lo tanto, te desharás. O al cual renuncias, si prefieres decirlo de esa manera.

Dicen que la curiosidad mató al gato. A nosotros a veces nos mata la estupidez. Yo llamo estupidez a la conducta a través de la cual el ser humano elige el sufrimiento y el castigo cuando puede dejarlos de lado. Podemos tener muchos conceptos filosóficos y explicárnoslo de muchas formas diferentes. Pero es estupidez. A veces se convierte en adicción: un ciclo tan fuerte que se repite una y otra vez, y al final resulta difícil de romper. Pero el principio es siempre el mismo: elegimos hacernos daño una y otra vez hasta que el hábito se haya bien establecido.

Y la forma de dejar de hacerlo: Es dejar de hacerlo.

Poco a poco el hábito se hace. Poco a poco el hábito se deshace.

Poco a poco el daño se intensifica. Poco a poco el daño disminuye.

Porque si pudimos herirnos, también podemos sanarnos.

A veces no es necesario que alguien nos traiga un regalo de dolor: nosotros se los arrebatamos.

Actuamos como salvadores y absorbemos daños de otra gente, sólo para sentirnos importantes, aunque esa persona no estuviera interesada en su felicidad, ni agradeciera nuestra acción. Y no estoy hablando de las acciones virtuosas o caritativas legítimas. Estoy hablando de cuando violas tu propia integridad y tu sentido del bienestar y el auto-respeto para sentir que eres “buena gente” (gente estúpida, jaja, que elige un daño pudiéndolo evitar); y de paso le arrebatas a la gente el privilegio de madurar y de aprender de sus propios errores.

Piénsalo de esta manera: sigue con él la forma de pensar que lo hizo cometer una acción dañina, así que estás garantizando que se siga haciendo daño en el futuro. Porque tú sólo le quitaste las consecuencias de sus actos, y él nunca aprendió que su acción era perjudicial.

Ayuda. Pero no enseñes a la gente a ser irresponsable.

Ayuda. Pero no te dañes.

Las víctimas tienen tendencia a convertirse en victimarios. No seas lo uno ni lo otro. Sé un guerrero libre. No te dañes, ni dañes a otros.

Ve la vida de una forma impersonal. No veas nada como tú o como yo. No creas que por andar aceptando daños de otra gente te vas a convertir en una buena persona. Repele el daño. En otros y en ti. Cuando no hay yo ni tú, un daño es un daño, donde quiera que se encuentre. Y evitar el daño es virtud.

La pureza se trata de mantener limpio el interior del ser humano. Sin daño, sin mancha. Es muy difícil mantener limpio el interior si nos pasamos la vida recogiendo toda la mierda que encontramos a nuestro paso.

Ser un guerrero se trata de respeto. Sabes que la vida de otra persona está creada por ella, es su gusto y su decisión y nosotros no tenemos porqué corregirles la plana. Cuanto mucho, podemos sugerir una forma diferente de hacer las cosas si la persona está sufriendo. Pero incluso en ese caso, ellos pueden elegir quedarse con su sufrimiento. Y a nosotros sólo nos corresponde respetarlos.

De la misma forma, nos corresponde respetarnos y elegir lo mejor para nosotros en todo momento. Esto implica no permitir que otro se recargue en nosotros o que eche sobre nuestros hombros la carga que él se encargo de acumular.

Lo que comento no se trata de olvidar la caridad y la buena voluntad hacia nuestros semejantes. Las acciones beneficiosas son siempre deseables. Se trata de hacer buenas acciones hacia dentro y hacia fuera. Se trate de mantener limpia nuestra energía para que podamos actuar libremente en el mundo. Se trata de que al estar sanos, sin heridas infectadas, dejemos de esparcir veneno por el mundo. Cuando estamos heridos e infectados de veneno, no importa que nuestro toque tenga buenas intenciones: lastimaremos e infectaremos a los demás. Eso es lo único que se puede esperar cuando dos heridas expuestas se tocan.

El Maestro del Amor recomendó que cuando alguno no nos recibiera bien nos sacudiéramos hasta el polvo de las sandalias de ese lugar. No pensaste que estaba hablando de represalias y veneno ¿verdad? Se trata de liberarnos de todo, dejar los sufrimientos inútiles. Sacudirnos la ofensa, el recuerdo de la ofensa, el sufrimiento que la ofensa nos hizo; significa que dejaremos de rumiar sobre el asunto, que no contaminaremos nuestro interior por la basura que otra gente haya querido depositar en nosotros. Significa, en suma, que nos sacudiremos hasta el polvo de las sandalias con respecto a esa situación; que estaremos libres y limpios de corazón.

Dios nos regaló un corazón abierto y perfecto. La Libertad y la Pureza nos garantizan dos cosas.

Una, que con libertad expresaremos la esencia de ese corazón en un mundo de esclavos que no siempre recuerdan la fuente de la que todos salimos.

Y dos, que con pureza regresaremos a esa fuente con un corazón limpio y sin daño, que no se mancilló en el camino, y que puede regresar en paz a la fuente que lo creó, sin haber traicionado su naturaleza de amor y valentía.

El Loco
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