El Gozo es una característica del Espíritu y de la Vida. Si no hay Gozo en nuestro corazón no estamos en contacto con nosotros mismos ni con Dios, sin importar las justificaciones de nuestra mente.

Cuando hay gozo verdadero lo sabemos; pero si queremos engañarnos, hay algunas cosas que nos pueden ayudar a reconocer la verdad: el regocijo de nuestro corazón, el bienestar en nuestro cuerpo y el estado de las personas que nos rodean.

¿Qué buscamos cuando buscamos a Dios y por qué recorremos un camino espiritual? Buscamos un gozo más profundo y duradero, una paz imperturbable en la que podamos descansar. ¿Por qué no hacer del gozo que experimentamos en nuestra vida la brújula que nos diga cómo vamos en nuestra búsqueda espiritual?

¿Por qué no aceptar en nuestras vidas las cosas simples que llenan nuestro corazón de deleite profundo y constante en lugar de perseguir las cosas que prometen fuegos artificiales y sólo dejan una molesta resaca?

¿Y qué tal si aceptáramos que la ciencia espiritual consiste solamente en vivir en paz con las cosas que llamamos “buenas” y las cosas que llamamos “malas” y obtener lo mejor de todas?

Y que nadie te diga que gozar tu vida no es importante.

“Regocíjate y brinca de contento” Dijo el Maestro de Galilea, y enseguida regaló claves para vivir feliz y satisfecho cuidando nuestro interior en lugar de preocuparnos por los eventos externos.

El Gozo en la tradición budista (mudita, en pali) es una de las cuatro actitudes inconmensurables. También es interpretado como una de las cuatro características del mundo de Brahma.

La palabra “ética” que ha sido ampliamente utilizada para poner restricciones y condenar a los demás, se refería antiguamente a las enseñanzas que trataban de cómo vivir para conseguir la felicidad. Desde luego, la moderación es un factor clave, pero el punto central es la Dicha.

Las cosas elevadas son bienes mayores, por eso los buscamos. Así, busca siempre que sean gozosos los estados que estás consiguiendo con tus descansos y tus esfuerzos. Pues si no lo son, puedes estar seguro de que estás viviendo tu vida con bienes menores, o incluso con males. Pregúntale a tu corazón, presta atención a cómo te sientes. Cambia los bienes menores por bienes mayores.

El gozo puede ser una meta y también una forma de andar.

Debemos sentir el destino dichoso que nuestros ojos buscan. A veces tenemos una imagen mental de lo que es una vida gozosa y nos esforzamos mucho para lograr esa imagen. Busca lo que te haga feliz, pero ten cuidado de no seguir un espejismo mientras mueres de sed en el desierto; y no bebas agua salada si tu alma está naufragando. Cuando no estamos bien afianzados en nuestro interior, construimos sobre la arena, y cualquier cosa destruye nuestro deleite. La gente sufre para conseguir eso que quiere y después tiembla de miedo ante la idea de perderlo. Asegúrate primero de estar en paz y de disfrutar tu vida, lo que hay en ella y a quienes están en ella. Unas circunstancias externas maravillosas unidas a un estado interior de angustia son tan buenas como una comida deliciosa que nuestra lengua no puede saborear.

Y que tus pasos se orienten a un destino luminoso. Y que tus pies disfruten cada beso que le dan al camino que te lleva al oasis en el que crecen las flores cuyo perfume alegra tu vida. Busca lo que te haga feliz, pero también disfruta tu camino. En una caminata de mil kilómetros llegarás a la meta con el último paso, y disfrutarás haber llegado; pero sólo podrás estar seguro de ser un buen caminante si también disfrutaste los millones de pasos que diste antes de llegar: cada uno contribuyó a que estuvieras ahí, cada uno te transformó y cada uno te mostró un paisaje interno y externo que no se repetirá.

Disfruta tu camino, porque la meta se encuentra en el futuro pero el camino se encuentra en tu presente. Y tu presente es lo único que sientes. Disfruta lo que sientes.

Haz lo posible por llegar a donde quieres, pero también haz lo posible por sentirte bien en tu interior. Tratamos un poco sobre esto en el texto “Decisiones y Sentimientos”, por si quieres leerlo.

Todo lo que necesitamos para vivir felices está en nuestro interior. Y podemos descubrirlo escuchando, viendo y sintiendo nuestro interior. A veces, sin embargo, queremos tener una pequeña guía antes de poder confiar completamente en nosotros mismos. Una de las mejores que he encontrado se encuentra en el Bhagavad Gita, te la comparto con gusto:

Hay tres clases de gozo en la vida:

1.- Uno que se persigue con sed y que trae sufrimiento al conseguirse. Como una adicción, por ejemplo.

2.- Otro que es dulce al principio pero amargo al final. Como una comilona o una borrachera.

3.- Un tercero que parece ser amargo al principio pero termina deleitando. Como la disciplina para soltar algo que nos daña o para tomar un buen hábito que nos construye.

Todos tenemos nuestros demonios internos (miedo, estupidez, ira, etc.), que nos hacen sufrir u ocasionar dolor a los demás. Algunos de esos demonios pueden ser vencidos con el esfuerzo, la bondad y el conocimiento. Pero también es cierto que el gozo puede fácilmente exorcizar de nuestro corazón sufrimientos que sería muy difícil sacar de otra manera. Con exorcizar me refiero solamente a liberarte de las cosas que te esclavizan y te maltratan. El gozo puede traer luz, salud, fortaleza y bienestar a tu mente y a tu cuerpo.

Nadie es espiritual si no goza de su vida, porque el Gozo es una cualidad del Espíritu. Hay momentos difíciles, es verdad. Pero siempre podemos tener una sonrisa en los días soleados y en los días lluviosos; no debemos ensombrecer todo con nuestra actitud.

Todo lo que hay en el exterior cambiará, puedes tener esa certeza. Así que no te refugies en lo que no puede permanecer eternamente. Todo en el exterior cambiará, y tú puedes aprender a actuar con sabiduría en el mundo, pero recuerda sobre todo que tu interior puede ser siempre un remanso de paz y regocijo, porque Dios vive habita ahí.

 El Loco

www.tuluzinteior.com

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