Hay cosas que nos duelen y queremos soltar.

Nos da miedo el dolor del desprendimiento o afrontar una batalla.

El dolor continuo es resultado del apego que tenemos hacia lo que nos lastima.

Renunciando al apego que tenemos por lo que nos hiere, el desprendimiento es menos doloroso, indoloro o incluso gozoso.

Sólo soltar, con intención pura, facilita las cosas.

Hay cosas que nos lastiman en la vida. Pueden ser pensamientos, hábitos, palabras (sobre todo las que nos decimos a nosotros mismos), relaciones, trabajos, comidas, sustancias, etc. Algunas veces nos aficionamos a ellas y otras sentimos que estamos esclavizados por ellas, y que no las podemos dejar.

Sin importar cuán fácil o difícil te parezca esto que voy a decir, lo cierto es que en ambos casos lo único que hace falta que se tome con seriedad es la decisión de soltar.El apego nos obliga a vivir con el verdugo. Una vez más, ya sea por afición o por esclavitud, nos acostumbramos a vivir hiriéndonos o recibiendo agravios, y nos apegamos a ello. Abrazamos el sufrimiento. Nos obligamos a convertirnos en víctimas, y para toda víctima hay un verdugo, ya sea este verdugo un pensamiento, una emoción, una persona, una sustancia o un trabajo insatisfactorio. Todo esto a través del apego.

Los vómitos, las diarreas, las peleas, los levantamientos en armas, las noches insomnes, los días llorando, las separaciones que duelen físicamente, etc., existen porque son manifestaciones muy fuertes de un desprendimiento de algo a lo que teníamos un apego firmemente arraigado en muchos niveles. O de algo que nos estaba intoxicando. Sólo con una manifestación así de fuerte fue posible la desintoxicación o la liberación. Pero no necesariamente imprescindibles. Sólo fueron una forma de soltar. Una forma de soltar que quizás no hubiera sido necesaria si hubiéramos soltado desde que nuestra mente supo, o nuestro cuerpo nos advirtió, que algo andaba mal y debía ser cambiado o abandonado. Hay manifestaciones poderosas o espectaculares de desprendimiento, tanto físico como mental, pero son sólo manifestaciones de lo único necesario: soltar.

Las enfermedades, los dolores, la pobreza, etc. Existen como indicaciones poderosas de que algo no está bien y debe ser transformado o abandonado. Algo debe ser corregido. Es decir, los dolores muy grandes no son sino agentes que buscan persuadirnos de que hay algo que soltar. Si te hiere o te profana, suéltalo. El mensaje es claro.

El objetivo de este texto es invitarte a que te desprendas de lo que te lastima.

Y a que no tengas miedo de hacerlo. Sabe que no necesariamente sufrirás. El sufrimiento será únicamente un indicador de cuán apegado estabas a lo que ultrajaba (casi todo aquello de lo que te tienes que desprender es interno, o tiene sus bases en un estado interior). Sabe que puedes liberarte de tu sufrimiento sólo con renunciar al apego que tienes por aquello que te lastima.

Con sólo renunciar a nuestro apego podríamos liberarnos de nuestro dolor y minimizar, o incluso anular, el dolor del desprendimiento.

Lo único que necesitamos es soltar. Elegiremos la forma, si podemos, o aceptaremos la más viable, si no; pero se mantendrá siendo verdad el hecho de que lo único que necesitamos para liberarnos del mal fue renunciar al apego que tenemos por lo que nos causa daño. Lo único que necesitamos es soltar.

Sufrimos porque abrazamos el sufrimiento. O porque abrazamos las causas del sufrimiento que, sintiéndose placenteras en el presente, nos atan irremisiblemente a una desdicha futura.

Decidiendo soltar el sufrimiento o sus causas, nos liberaremos de él.

Renunciemos al daño, dejando de abrazar a este indigno compañero de viaje. Y en su lugar estará listo el gozo, recibiéndonos con los brazos abiertos.

Sin apego por lo que no es bueno para nosotros. Sin miedo al desprendimiento.

Lo único que necesitamos para ser libres, es soltar.

Lo único que necesitamos para ser libres, es soltar.

¿Pero cómo soltar? A veces será suficiente con la decisión. En otras ocasiones tendremos que buscar un medio. Pero la decisión será siempre lo primero.

¿Cómo exactamente? Es diferente para todos. Pero recuerda algo que dicen, ya que lo dicen bien:

“Si queremos hacer algo encontraremos una manera. Si no queremos hacerlo encontraremos una excusa.”

En realidad, ¿ qué cosa más fácil que soltar? Sólo hay que abrir las manos. Si tuviéramos que pescar, cazar o agarrar algo sería un poquito más difícil. Así que lo difícil no es soltar. Lo difícil es querer soltar. Estar convencidos de ello.

Así que lo primero es convencernos y lo segundo encontrar el medio que nos lleve a soltar.

¿Por qué no soltamos? Porque creemos que el sufrimiento nos da algo bueno. O porque creemos que lo que soltemos se llevará consigo el sufrimiento pero también el gozo.

Creer que el sufrimiento nos da algo bueno.

En esto a veces hay confusiones. Así que ahora lo diremos claramente y lo explicaremos después: la disciplina trae cosas buenas y requiere un esfuerzo activo. El sufrimiento no nos trae cosas buenas y sólo requiere soportar pasivamente el dolor. Aunque las dos pasen momentos difíciles, no obtienen los mismos resultados la atleta que madruga para entrenar y la mujer que soporta los golpes de su esposo. Una es activa y la otra pasiva. Una es una guerrera y la otra una víctima.

Si algo me lastima lo primero que puedo soltar es el papel de víctima. Porque lo que soy determina lo que obtengo. Aclaro que soltar el papel de víctima no significa convertirse en agresor ni en un eterno quejumbroso. Significa solamente asumir la responsabilidad por la situación y decidir en qué participo y en qué no. Usando el ejemplo de la mujer golpeada por su esposo, dejar de ser víctima no significa que discutirá con él o que lo golpeará a su vez; significa simplemente que ya no recibirá los golpes. Si puede hacer esto permaneciendo en casa lo hará, y si se tiene que ir se irá. Pero no atacará. Solamente decidirá. Es sólo un ejemplo.

Otra cosa que podemos hacer es madurar espiritualmente y decidir que es más importante lo que damos que lo que recibimos. ¿Recuerdas aquello de que hay más felicidad en dar que en recibir? Tiene muchas aplicaciones, desde luego. Pero una de ellas es que lo que doy lo controlo al cien por ciento y lo que recibo no lo controlo en absoluto. ¿En qué crees que es más inteligente poner tus esperanzas de felicidad? Da lo mejor de ti. Pon cosas bellas en tu mundo: una sonrisa con tu rostro, una mirada dulce con tus ojos, una palabra amable con tu voz, ofrece con tus manos un vaso con agua y un plato con comida, haz un trabajo excelente sólo porque tú te lo mereces, porque comprendes que las obras se parecen a sus creadores y que el trabajo que realizas y la forma en la que lo realizas dice mucho de ti. Es una imagen que ves en un espejo. Esa imagen te dice quién piensas que eres.

Hay dos cualidades personales que nos hacen sufrir: la maldad y la estupidez.

Hay dos cualidades personales que nos hacen gozar: la bondad y la inteligencia.

Hay personas que son buenas y estúpidas y la gente abusa de ellas, y sufren. Y un buen día deciden cambiar. Pero piensan así “antes era bueno y me lastimaron así que ahora seré malo”. Y sufren el doble, porque se quitaron lo bueno pero no se quitaron lo tonto (que era el verdadero problema). La mejor opción es ser buenos y astutos, en mi opinión. De hecho, no estoy solo en esto: “sean buenos como las palomas y astutos como las serpientes”, dijo también el Maestro.

El sufrimiento no nos da cosas buenas. De lo malo sale lo malo. De lo bueno lo bueno. Primero acepta que quieres vivir sin sufrimiento, eso ayudará a decidir que lo quieres soltar. Si no es esto lo que quiero, ¿porqué aferrarme?

Creer que al soltar el sufrimiento se irá también el gozo.

Esta es otra forma de pensar en que el sufrimiento nos trae algo bueno. Aunque es un poco diferente. Hay situaciones muy simples que podemos soltar en un momento, como un escorpión que sacudimos en un instante. Pero hay otras en las que no podemos simplemente sacudir o halar con fuerza, como un pañuelo de seda muy fina y apreciada por nosotros que se hubiera caído en una planta con múltiples espinas. No queremos que esté ahí pero tampoco queremos romperlo. ¿Qué podemos hacer? Desprender espina por espina, parte por parte, y recuperar el pañuelo sin dañarlo y sin vociferar contra la planta. Al final todo estará bien, pero tenemos que empezar. Si es fácil en un paso. Si es difícil en varios. Pero hay que empezar.

Todo está compuesto en este mundo. Y es relativo y es fluctuante. Si algo te lastima por cómo eres tú, cambia tú. Si algo te lastima porque sólo puede lastimarte, suéltalo.

A veces puede ser que al soltar lleguemos a sentir tanto dolor que pensemos en compararlo con amputaciones, agonías, muertes…pero recuerda que para toda muerte hay un renacimiento. Que al soltar el pasado vivimos más ligeros, y que al liberar lo viejo llega lo nuevo. Te habrás transformado, y todo un mundo nuevo acompañará a la nueva persona que eres ahora.

Por amor eres capaz de soltar tus placeres pero, ¿eres también capaz de soltar tus dolores? Tu amor debe ir más allá de los dos para ser más puro. No significa que debas rechazarlos. Significa solamente que el Amor los trasciende, que va más allá.

Sé la mejor versión de ti mismo. Soltar no es descuidar. Ni abandonar. Soltar es dejar de participar en lo que te perjudica y actuar con dignidad.

Darse cuenta es importante, pero no lo es todo. Hace poco escuché a una amiga decir algo así: “tenemos que hacer las cosas. Porque entre darte cuenta de lo que necesitas hacer y que realmente lo hagas pueden pasar muchas vidas.” “Del dicho al hecho hay mucho trecho” reza otro proverbio popular. Todo puede cambiar. Pero los nuevos resultados solo siguen a las nuevas acciones.

Si sufres, suelta. De un tajo, si puedes. O poco a poco, si quieres. Pero empieza a soltar lo que te lastima. Ya no recibas los daños que te hacen. Y ya no abraces los hábitos que te meten en dificultades.

La vida tiene muchas cosas para ti. Y tú puedes soltar el sufrimiento y elegir el gozo.

Yo pienso que Dios así lo quiere.

 El Loco

www.tuluzinterior.com

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