Dos hombres tenían cada uno una casa que estaba ardiendo en el fuego. Dios les dio el mensaje de la situación en la que estaban y les dijo cómo cambiarla. Uno despertó y el otro no. ¿Sabes como distinguirlos? El que despertó apagó el fuego. Las personas tenemos algunas ideas interesantes acerca de lo que significa estar despierto. Eso es algo que sabe cada cual.

Las personas tenemos algunas ideas interesantes acerca de lo que significa estar despierto. Eso es algo que sabe cada cual.

Hay diferencias entre estar despierto, y cambiar de opinión. A menudo la persona materialista que se hace espiritualista dice que despertó. Un líder político nos pide que adoptemos su punto de vista y para eso nos dice: “despierta”.

Cambiar de punto de vista no es despertar. Si cambiamos nuestras opiniones materialistas (que son puramente intelectuales), por opiniones espirituales (que son puramente intelectuales), entonces hemos permanecido en el mismo nivel; puramente intelectual. Si tomamos veneno en nombre de dios, y si tomamos venenos en nombre del dinero el resultado será el mismo: vamos a morir envenenados.

El asunto de despertar va más allá de los procesos intelectuales, o de la información que tenemos. El proceso del despertar es un cambio de Vida. Un cambio de vida efectivo, en el que el sufrimiento y sus causas van quedando de lado, para dejar su lugar al Amor y la Dicha. Este proceso es casi siempre gradual.

Uno ya tiene ojos, no es necesario crearlos, pero si están vendados no podrá ver adecuadamente. De igual manera, uno ya es Amor, sólo que nuestros ojos espirituales están vendados y eso nos impide darnos cuenta. Despertar es quitarnos ésa venda (o ésas vendas).

Tu vida mi hermano. Tu vida mi hermana. Tu vida es lo que me interesa. En la vida podemos darnos cuenta de cómo va nuestro proceso hacia el despertar. Recordemos que San Francisco de Asís y la Santa Inquisición se apoyaban en el mismo Evangelio. “Su Vida” es lo que era distinto. De poco sirve la enseñanza más grandiosa si la vivimos con miedo y con crueldad.

La persona que despierta se reconoce en dos sentidos:

1.- Percibe su vida, y lo que en ella acontece de una forma libre de veneno emocional. No sufre por las circunstancias que llegan a su vida (llámense medio ambiente, relaciones personales, dinero, emociones, búsqueda espiritual, etc.).

2.- Siembra semillas dulces (actos que al dar fruto lo harán feliz a él y a los demás). Sabe que lo que siembra habrá de cosechar, por lo tanto suelen ser muy cuidadosos a la hora de actuar. Suelen tener más cualidades (muchas más), pero estas dos me parecen de las más representativas.

Nuestro trabajo, en mi opinión es despertar a la Realidad de lo que somos. Ser nosotros mismos. Eso es. Nada más.

A medida que nos damos cuenta de eso, se despierta en nosotros el deseo de ayudar a los demás. Así como el que presencia una hermosa puesta de sol, o un hermoso amanecer llama a quien está a su lado para que lo presencie también. Como quien recomienda una comida sabrosa.

Si la gente decide no mirar el horizonte, o probar otra comida; no nos ofendemos. Esa es la manera de proceder.

¿Cuál en mi opinión NO es una forma correcta de proceder?

Discutir con la gente para que despierte es como darles una bofetada para que les deje de doler la mejilla. No sólo demuestra que no practicamos lo que predicamos; también los aleja del despertar y de nuestra compañía. Recordemos que somos nosotros los que queremos despertar, y por lo tanto somos nosotros quienes debemos manifestar las cualidades del Amor y la Tolerancia. Además, aunque resulte muy familiar, tiene razón el dicho de que se atraen más abejas con miel que con hiel.

Otra forma inútil de tratar a los demás cuando se quiere su despertar es sufrir porque no son como uno quisiera. Sentir el dolor de los demás como propio y actuar para ponerle fin, es una virtud (como cuando alguien tiene sed y le ofreces un vaso con agua). Pero sufrir porque la gente está dormida (como cuando te vas triste a tu casa porque nadie te quiso escuchar, o perder el sueño por lo que consideras las atrocidades del mundo) es un vicio. Es un vicio porque no te sirve a ti, ni a nadie. Y es un vicio también porque pone a otro como dueño de tu sentir (“si el mundo no deja de sufrir yo tampoco”); lo que significa que si el mundo no despierta, yo tampoco. Creo que aquellos que queremos despertar debemos tener bien clara la diferencia y dejar de lado los sentimentalismos inútiles. Si hemos de actuar con nobleza, adelante actuemos. Pero desenmascaremos los disfraces del miedo: sufrir por algo que no va a cambiar no está en armonía con el despertar. Lo mejor que podemos hacer por los demás, es servir de ejemplo.

El despertar maravilloso y hermoso se desenvuelve en la vida diaria. Y casi siempre es nuestro prójimo el espejo en el cual nos descubrimos; el espejo en el que podemos ver la imagen del Creador si estamos atentos. Cuando ellos actúan con benevolencia podemos ver las virtudes celestiales expresarse en este mundo terrenal.

Cuando actúan de una forma que no nos agrada podemos enfocar la atención en:

1.- En nuestro crecimiento.

2.- En lo que consideramos sus errores. Sólo una de estas alternativas nos hace crecer. Sólo una de ellas nos da felicidad. Cuando el cielo está nublado y no nos gusta, podemos hacer dos cosas:
 
1.- Andar tristes mientras hay nubes, y pensar que el cielo se equivocó.

2.- Ajustar nuestro ánimo de forma que aprendamos a observar la belleza de las nubes. Con los humanos es lo mismo. El proceder del prójimo está tan fuera de nuestro control como el clima de la región en la que vivimos. Dejar de tomarnos las cosas personalmente es uno de las cualidades que nos guían con certeza hacia el despertar. Ver de la misma manera a las nubes y a nuestros semejantes es un acto de poder formidable.

La Verdad de lo que llamamos mundo espiritual y la Verdad de lo que llamamos mundo físico, es la misma Verdad. No están peleados. No existe contradicción entre ambos. No hay nada en el mundo espiritual que no pueda ser observado también en el mundo físico; porque como bien se dijo: “como es arriba es abajo”.

Sugiero dejar de lado los desequilibrios de las personas que promulgan una “verdad espiritual” completamente peleada con los fenómenos naturales. Sin retar ni discutir, lo más sano es dejar de creer en teorías no comprobables.

“Cada acto espiritual tiene su correspondencia física”, esa es otra forma de decirlo. Así como cada cuerpo tiene su sombra, y cada imagen ante el espejo tiene su reflejo.

Comprobar, no creer. Esta es la síntesis utilizable de las funciones mentales. Muchos critican la posición de Santo Tomás en la resurrección de Jesucristo; y sin embargo, él fue el único que pudo tocar lo que otros sólo miraron. El Maestro se lo permitió. Porque es una enseñanza formidable: los hechos (incluso los espirituales) deben ser comprobables.

Dicho esto, debemos reconocer que el Espíritu y nosotros, somos ambos mucho más profundos y hermosos de lo que pensamos que somos. Vivir de hechos y no de teorías es una parte de la receta para descubrir al Espíritu; la otra parte de la receta es estar abiertos (sin escepticismos inútiles) a la Realidad del Espíritu para tocarla y gozarla cuando se presenta ante nosotros.

Lo miramos lejano, casi siempre. Pero recordemos que el Espíritu fluye por todos lados. Cualquier cosa que existe en este universo que Ha creado puede ser un excelente mensajero para ti; cualquier cosa! El

canto de un ave, la algarabía de un perro que expresa cuanto te estima meneando su cola, un beso, un mensaje dicho con palabras, el latir de tu corazón, el aliento que te sostiene…Así que no descartes la posibilidad de experimentarlo en todo su esplendor en cualquier momento; no descartes que te pueda estar susurrando en este momento, o en tus ratos de distracción, el camino por el cual debes andar para descubrirlo…para recuperar lo que te pertenece como herencia espiritual.

Anda por esta Tierra, y vívela, y ámala y gózala; pero no te olvides de ti mismo… Que tan pronto como quitas la mirada del espejo dejas de ver tu reflejo pero sigue existiendo tu Presencia, y el aliento que te da vida. Eres Tú el Dios que estás buscando…eres Tú la felicidad que tanto anhelas.

Despierta! Date cuenta. Conócete, despierta. Y ayúdame a Despertar también.

Que todos los seres sean felices!, y que tú y yo recordemos que somos parte de ése “todos”…y seamos felices.

Un abrazo fraternal.

 
El Loco
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