Somos parte del Gran Espíritu que crea, sustenta y destruye todo. Somos hijos suyos y estamos hechos de su misma Esencia y Sustancia.

Tenemos un cuerpo que necesita alimento, bebida, vestido y refugio. Y convivimos con muchos hermanos y hermanas que también poseen cuerpos con las mismas necesidades.

Para vivir una buena vida, lo más importante será honrar continuamente con nuestros pensamientos, palabras y acciones, a lo que somos en Esencia y al Padre/Madre del que formamos parte. Así como obtener todo lo necesario para que nuestros cuerpos gocen de bienestar, y ayudar a que (o permitir que) nuestros semejantes vivan dichosamente.

Es bueno recordar que este mundo físico está sostenido por Aquel que lo creó y por las leyes espirituales. O leyes intangibles. El mundo está regido por leyes intangibles, pero no azarosas. Son tan regulares y confiables como la fuerza de la gravedad o la salida y ocultación del Sol. Y es provechoso buscar la felicidad respetando las leyes que la protegen y la fomentan. Ya lo dijo alguien cuyo nombre no recuerdo en éste momento “No podemos quebrar la Ley, sólo podemos quebrarnos a nosotros mismos mientras intentamos transgredirla.” Si usamos la Ley Divina a nuestro favor podemos vivir con regocijo.

Así que aprender a vivir, en mi opinión, es tener en cuenta el Espíritu que verdaderamente somos y el Cuerpo en el que estamos viviendo. Tener el sentido común para reconocer que nuestro prójimo busca también su felicidad. Y adoptar estrategias útiles que nos permitan vivir con bienaventuranza.

Para no hacer el cuento largo, hablaremos de las dos estrategias básicas de las que disponemos: la del ego y la del Ser. La del miedo y la del Amor. La separación y la Unidad: Obtener y Dar. Uno busca arrebatar lo que necesita, identificándose con la escasez y la lucha. El otro busca abrir las puertas del reino y las arcas de la abundancia con la llave de la generosidad.

No es malo obtener.

Nuestro cuerpo se nutre del alimento, el aire y el agua que obtiene. Mantenemos a nuestras familias y a nosotros mismos con el dinero que ganamos. Compartimos nuestras riquezas con los demás.

Estamos hablando de cómo vivir.

Obtener todo lo que necesitamos beneficiando a los demás, y además obtenerlo más fácilmente. Y sobre todo, ver la Realización del Espíritu Inmortal como la meta principal, reconociendo que estaría incompleta una visión que sólo contemple el cuerpo. Reconocernos como parte del género humano y reconocer al género humano como parte del Todo y vivir de una forma que honre al Todo a través de la parcela en la que nos ha tocado sembrar.

“Hay más felicidad en dar que en recibir”

Da. Dar es como sembrar en el terreno del universo y del corazón humano lo que quieres recibir. Ten por seguro que germinará, que crecerá y que ofrecerá frutos de los que podrán alimentarse tú y tus seres queridos. Proveerá sombra al viajero cansado, tanto si ése viajero es otro como si eres tú mismo. No dar, ya lo han dicho muchos, es como pedirle a la tierra que te de alimento sin sembrar o a una chimenea que te de calor sin ofrecerle leña y fuego. Si eso es verdad para la vida en general, ¿cuánto más lo será para todo lo que tiene relación con nuestros hermanos y su muy humano corazón?

Dar crea de inmediato. Te permite ser una fuerza activa y positiva de la existencia. Te convierte en alguien proactivo, que propone. Esperar recibir te convierte en un ser pasivo: esperas a que lleguen las bendiciones. Pueden llegar, o no. Si das, recibirás antes o después, pero será seguro. Infalible. Y es inmediato, lo puedes hacer en éste momento. No se desperdicia ni un instante. Da para otorgarle más valor a tu existencia y para no desperdiciar ni un solo instante.

“El agua del Ganges no puede disminuir porque la beba la gente sedienta. De igual modo, tu riqueza no disminuirá si haces caridad” escribió el Swami Sivananda. Me encanta ésa frase. Puedes dar y notar como tu riqueza aumenta en lugar de disminuir. Da dinero. Pero no te limites sólo a eso. Da tus dones. Tu energía y tu tiempo. Da tu corazón y comparte lo que es importante para ti. Todo eso se multiplicará. Hazlo y lo verás con tus propios ojos. Tanto si confías como si no. Hazlo y lo verás. Porque no estarás utilizando solamente la autosugestión sino que tocarás con tus actos las leyes infalibles del Universo.

“Lo que das lo conservas y lo que compartes se multiplica”-escribieron en Un Curso De Milagros. Es un medio seguro de desarrollo espiritual, físico y profesional. Aprovecha la Sabiduría de los Siglos que te recomienda Dar. Recuerdas a todos los que te dieron. Aprendiste de todos los que dieron. Vives por todos los que dieron. Y trabajas por aquellos a los que quieres dar. Así que amplía ésa generosidad a varios aspectos y magnitudes. Bendecirás con tu vida. Y la vida te bendecirá a ti.

¿Sabes? Dicen que las cosas en las que fijamos nuestra atención, crecen. Pues bien, todos creemos que tenemos necesidades y abundancia en nuestra vida. Cuando pensamos en obtener, nos centramos en nuestras necesidades. Cuando pensamos en dar, nos centramos en la abundancia. Es así de sencillo. Da y recibirás, nos han dicho durante miles de años. Y es verdad.

Dios es Amor y Abundancia Infinita. Si no lo experimentamos es porque nos hemos separado de Él/Ella a través de nuestro miedo y nuestro egoísmo. Es como nadar en el océano llevando un traje especial que cubre todo nuestro cuerpo y quejarnos porque el agua no nos baña. Sólo tenemos que quitarnos el traje. Sólo tenemos que despojarnos del miedo y del egoísmo. Y Dar. Así nos unimos e identificamos con Aquel, que es Generosidad Plena.

Vive satisfecho, vive creciendo, vive feliz. Vive dando.

El Loco