El tiempo no existe en el Cielo.

Pero recuerda que estás viviendo en la Tierra. Lo más importante en quién nos estamos convirtiendo como seres humanos y qué estamos haciendo por nuestros hermanos.

Somos un Espíritu inmortal que siempre estuvo y siempre estará…pero que no se recuerda, ni está identificado y presente en su verdadera Esencia. Por ahora vivimos aquí, y tenemos un cuerpo con un tiempo limitado para volver a descubrirnos y a Ser quienes verdaderamente somos. Y que no te pase por la cabeza pensar que es tarea fácil esto de descubrirse y de Ser.

Pienso que se ha abusado de las enseñanzas espirituales y que se las ha destinado a solapar actitudes inmaduras. Esto del tiempo es un ejemplo. Brotan como setas las personas que repiten las palabras de que el Espíritu es eterno y que el tiempo es relativo. Eso está muy bien, pero, ¿qué hacemos con nuestra vida cuando escuchamos eso? ¿Qué hacen ellos? ¿No es acaso prudente reflexionar también que vivimos en un cuerpo que sí tiene fecha de caducidad, que envejecerá irremediablemente y que verá deteriorarse muchas de sus facultades? ¿Qué pensarías de un asesor financiero que te dijera que hay toneladas de dólares en el mundo y que por eso deberías comprarte un castillo y cargarlo a tu tarjeta de crédito? Si vamos a reflexionar en la totalidad de nuestra vida, una actitud verdaderamente responsable espiritualmente hablando sería la de aprovechar el breve suspiro que es nuestro tiempo en la Tierra para pasar a vivir en ese Reino más Elevado que es el Espíritu Supremo del que formamos parte, y con el que podemos reunirnos.

El Espíritu es Eterno. Tu cuerpo dura una vida. Los placeres y dolores son efímeros. ¿En cuál tienes tu residencia y tu cuidado? No se trata de ser descuidados. Se trata de atender al Espíritu, que incluye y cuida todo lo demás. Y no abocarnos a perseguir durante toda la vida deseos imposibles de satisfacer mientras nuestra alma permanece sedienta.

No quiero asustar ni anatemizar a nadie. Tampoco aburrir. Sólo recordar que vamos a morir, y que morir no es cosa menor. Sólo recordármelo a mí, y compartir contigo el texto que me escribo, si me lo permites.

Mientras escribo esto tengo frente a mí un reloj de arena que he colocado sobre mi escritorio. Vivimos en un mundo apresurado que siempre quiere saber qué hora es. Yo tengo un reloj que me dice qué hora es. Pero no es tan importante. Lo más importante es saber que nuestra vida se va a terminar. Un reloj de arena es superior en el sentido de que puedes mirar en él cómo tu tiempo transcurre para no volver, cómo la arena pasa de principio a fin como pasarán tu cuerpo y tu tiempo, ambos preciosos y finitos.

Voy a morir. Y ahora estoy aquí. Hasta puedo decir que estoy aquí contigo, ahora. ¡Qué cosa maravillosa! Y la verdadera enseñanza no es decir que el tiempo no importa y que podemos dedicarnos a la irrelevancia. La verdadera enseñanza es recordar que el tiempo es un tesoro que podemos dedicar a la trascendencia, porque el Cielo no llegará con la muerte del cuerpo sino con la dedicación de un corazón que buscó, que pidió y que llamó.

“Lo que te propones hacer mañana, hazlo hoy. Lo que te proponer hacer hoy, hazlo en este mismo instante” decía el Swami Sivananda, a quien ya he citado en otras ocasiones. Y cada pequeño día de nuestra vida es como una muestra en miniatura de nuestra vida entera. Una pequeña muestra de lo que haremos con la totalidad de nuestro tiempo. Así hemos podido ver que quien bebe hoy diciendo que lo dejará mañana, bebe toda su vida. Y es triste. Es triste vivir con la mejor intención bien guardada en nuestro interior sin mostrarla jamás, mientras pensamos que el tiempo es infinito para finalmente descubrir que no lo es. Por lo menos no nuestro tiempo con este cuerpo.

Tú tienes algo muy importante por hacer. Y algo muy hermoso qué Ser, y qué mostrar. Un tiempo limitado para lograrlo. Y un hoy, en este momento, para manifestarlo por primera vez.

No sé qué me depara el futuro ni cuál será la recepción que mis hermanos den a mi trabajo. Talvez no deba saberlo. Sólo tengo este momento en que siento, que pienso, que actúo…que estoy vivo y que quiero compartirte. Tras el día pronto llega la noche, y no hacemos lo que queremos si somos descuidados. Así también, tras la juventud llega la vejez y tras la vejez la muerte, y sólo haremos lo que debemos hacer si abrazamos este regalo. Este presente.


Y tendrás una vida maravillosa. ¡Cuánto más disfrutamos un helado si sabemos que se terminará! ¡Qué temprano nos levantamos para ver un amanecer, pues sabemos que durará unos breves momentos! Imagina una vida entera llena de momentos que florecen y se marchitan mientras los vives con intenso amor. Y qué bella una vida bien vivida.

¡Qué bellas tu vida y la mía! Si comprendemos que tenemos este momento. y que pronto terminará.

¡Qué bellas tu vida y la mía! Si comprendemos que tenemos un regalo para dar, y que podemos darlo ahora.

¡Qué bellas tu vida y la mía! Sabiéndonos benditos y bendiciendo al Infinito que somos, con este bello finito, en el que estamos.

El Loco.