GRACIAS, Hay Regalo que Acepto. Hay Regalos Que No Acepto.

Anteriormente escribí acerca de nuestra capacidad de aceptar o no aceptar los regalos que nuestros semejantes o las circunstancias de la vida nos ofrecen.

Es importante hacer una distinción.

Por lo general un “regalo” viene acompaña también por un “empaque”.

Por ejemplo, hablando de relaciones románticas enfermizas, el empaque de alguno de sus regalos podría ser el amor, pero el verdadero regalo podría ser dolor.

El regalo de un insulto puede venir disfrazado de honestidad.

La carga de la intención o el sentimiento que viene con el regalo “ES” el verdadero regalo, en la forma como lo estamos mencionando aquí.

Incluso hay robos en nombre del regalo.

Hay quien podría empacar su intención en la palabra “Amor” y realmente hacer otras cosas. Puede intentar manipular tu tiempo, tu espacio, robarte energía, insultarte, lastimarte, o intentar cambiarte, todo esto empacado por las palabras: “te amo”. Es a esto cuando me refiero que debemos ver el verdadero regalo y no el empaque o la etiqueta que se nos presenta.

Otro ejemplo. Algún líder religioso puede envolver su regalo en las palabras “salvación eterna”, “agradar a Dios”, “cambiar”, “la felicidad del alma”, “que el espíritu venza a la carne”, etc., y regalarte en realidad tristeza, sentimientos de culpabilidad, represión, problemas familiares, desasosiego o inseguridad interior, FALTA DE PAZ y dolor emocional.

Hay que tener especial cuidado con los regalos que nos damos a nosotros mismos.

Hay que ver qué es lo que nos estamos regalando, y no cual es la envoltura que nosotros mismos hemos dispuesto. Debemos tener cuidado de hacernos preguntas concretas y ver las cosas directamente.

Podemos elegir dejar un bien menor, en aras de un bien mayor. Pero tengamos cuidado de estar tomando el bien mayor en sí, y no una idea de él, o un paso intermedio auto-impuesto.

Cuando renunciemos a un placer asegurémonos de tomar un gozo mayor. Asegurémonos de tomar un regalo superior.

Evitemos negarnos el regalo del placer y regalarnos frustración y represión bajo la etiqueta de un gozo superior.

Regalémonos cosas concretas.

De forma que hay 3 aspectos que debemos observar en cuestión de regalos.

1.- lo que nos ofrecen. Aceptado o no.

2.- lo que nos damos. Aceptado o no.

3.- lo que tomamos, sin que nos sea ofrecido.

En este tercer aspecto hay cosas interesantes.

A veces, por sentirnos el salvador, el importante, la buena persona, el fuerte, o “lo que sea” hacemos nuestro un daño de otras personas, que ellas ni siquiera pretendían regalarnos.

Nosotros vemos que cargan un regalo o una posesión de daño y de dolor ¡y lo robamos!, lo hacemos nuestro sin que nadie nos lo haya ofrecido. Sin que nadie nos haya pedido cargarlo. Esto es verdadera estupidez, porque es dañarse por gusto, gratuitamente; hay ignorancia, o debilidad en esto de aceptar daños, desde luego.

La forma de evitarlo es simple. Reconozco que soy un hijo de Dios y me respeto como tal. No daño la energía que me fue regalada. No daño el cuerpo que habito. No daño la mente que me fue dada. No daño ninguna de las herramientas o posesiones que están a mi cargo. No me daño volviéndome esclavo de lo que creo que es mío, o parte de mí.

Para no dañarme puedo usar varias herramientas.

Fortaleza. Soy fuerte repeliendo el daño que otros me quieren dar. Supero la debilidad de aceptar daños ajenos por pereza o negligencia.

Discernimiento. Observo los regalos que otros me quieren dar antes de aceptarlos. Reconozco que habrá ocasiones en las que el regalo que me trae la gente estará acompañado de una etiqueta falsa, así que observo el regalo y no la etiqueta antes de aceptar. Dejo de lado la ceguera de quien no quiere ver.

Respeto. Tomo cosas que no me dañan. Dejo de actuar como un recolector de basura que se apropia toda la basura que encuentra, dizque por limpiar a los demás. Reconozco que Dios me puso como responsable de mí mismo, no de los demás, y que deberé rendir cuentas por mi estado, no por el estado de los demás. Por eso me respeto, y me honro, honrando a Dios dentro de mí, ofreciéndole energía y emociones de alta calidad, y no basura.

Bondad. Convertirme en una fuente de agua dulce. Reconozco que lo que doy es lo que recibiré. Así que obsequio regalos puros, regalos de gozo, regalos de paz.

Observemos los regalos concretos que tomamos de la vida. Olvidémonos de las postergaciones, las mentiras, las limitaciones y la ceguera.

Observemos qué es lo que pedimos a los demás y lo que tomamos de ellos.

Veamos qué nos ofrecen y decidamos entonces, después de ver el regalo, si lo queremos o no.

No prestemos atención a los cantos y las fanfarrias que anuncian cosas gloriosas para presentar cosas nefastas.

Veamos.

Escuchemos.

Sintamos.

En suma, conozcamos. Y decidamos después qué queremos y qué no.

Seamos videntes y no creyentes.

Despertemos a la vida, en lugar de dormitar.

Vivamos.

Sintamos.

Seamos…porque Somos.