Y El Mundo Que Ves Sólo Eres Tú Mismo

Tú decides. Tú le das a la vida su valor. No tiene un valor en sí misma; por lo menos no para ti. ¿Qué significa para ti y qué quieres hacer con ella?

Te invito a observar que el exterior es un reflejo de lo interior. Puedes verlo; talvez hace mucho tiempo que lo notaste sin prestarle nunca la atención debida para hacerlo conciente. Lo interior crea lo exterior: ya sea que lo forma a su imagen, ya sea que condicione lo que observamos en el mundo externo y, por lo tanto, lo que para nosotros representa.

Conocer nuestro interior puede ayudarnos a reflejar un mundo más luminoso. Y también los resultados que tenemos en la vida y los reflejos que obtenemos del mundo y nuestros hermanos nos ayudan a darnos cuenta de lo que hay en nuestro interior y que algunas veces no queremos ver.

Podemos cambiar el mundo cambiando nosotros.

A veces pasamos mucho tiempo intelectualizando cuál será el valor o el significado de nuestra vida. Queremos una respuesta que satisfaga a nuestro intelecto. Queremos unas palabras que den una significación a las dificultades que hemos tenido en nuestro curso vital…y mientras tanto nuestra vida transcurre en tiempos sin brillo que pudieron tenerlo pero que no volverán. En racionalizaciones sin fuerza que opacan los actos que debieron ser, si hubiéramos actuado a tiempo.

Nosotros le damos a la vida su valor. Nosotros decidimos qué hacer con ella. ¿Acaso no es hermoso? Saber que es Dios Quien aguarda de nosotros la respuesta a las preguntas: ¿Qué harás con esta vida que te di? ¿Qué significa para ti? ¿Qué crearás con ella?

La vida no es un artículo que analices para adquirir. Es un regalo inapreciable que ya recibiste; lo único que corresponde ahora es usarlo y disfrutarlo lo mejor que puedas. Dar a las cosas el significado que más te plazca y mayor bien te reporte. Es nuestra vida y por lo tanto se espera de nosotros una actitud más activa que pasiva.

También algunas veces es más fácil ver lo que pasa fuera que lo que pasa dentro. Y podemos pensar que lo exterior crea o condiciona lo interior (él me hizo enojar, esa situación me preocupa, o ese evento me asusta). Y podemos luchar para buscar cambiar exteriormente lo que no nos gusta y nos causa tanto malestar interior. Nunca se nos ha ocurrido cambiar nuestro interior, que es lo que verdaderamente está en nuestras manos. Aún más, parece que hemos ignorado olímpicamente el hecho de que nuestras acciones y reacciones marcan los frutos y los rumbos de nuestra existencia. Lo exterior resulta de lo interior, igual que un hijo sale del vientre de su madre o el árbol surge de la semilla que se rompe. Nacemos y crecemos de dentro hacia fuera. De adentro hacia fuera nos liberamos. De afuera hacia dentro nos esclavizamos. De adentro hacia fuera rompemos límites y barreras.

Cuando damos la importancia debida a nuestro jardín interior nos damos cuenta también de que vivimos en él con un contacto más íntimo del que tiene nuestro cuerpo con la ciudad en la que vive. Todo el tiempo estamos tocando nuestro mundo interno y sintiendo los efectos de las representaciones que nos presenta y de las impresiones con las que nos alimentamos. No es el mundo externo algo físico o, en todo caso, no es el mundo externo algo en lo que debamos pensar de forma rígida. Podemos cambiar la forma en la que lo percibimos y, comprendiendo que son sólo nuestras impresiones internas las que determinan el sabor que nos presenta el mundo externo, disfrutar con mayor deleite aquello a lo que nos sabe la vida.

Eso de adentro hacia fuera. Pero de fuera hacia dentro también podemos aprender acerca de nosotros mismos:

El espejo social.

Hay cosas que nosotros no vemos de nosotros mismos. Ahora hablaré del espejo social, esa herramienta maravillosa que nos permite ver aspectos de nosotros que ignoramos. Es justo como un espejo físico: con un poco de atención podemos ver en él nuestra espalda (que de otro modo no alcanzamos a ver).

No quiero decir que debamos escuchar todas las opiniones que de nosotros tienen los demás. Muchas veces las personas sólo proyectan en nosotros lo que piensan de sí mismos, y a ninguna persona sana se le antoja convertirse en un collage de las opiniones de todos los que se le ponen enfrente. No es así como vamos a usarlo y, por favor, busca la forma de liberarte de las opiniones de los demás. ¿Te parece bien un ejemplo?

¿Conoces a alguna mujer sana, responsable y atenta a quien sólo se le acercan los patanes? Ella puede alegar que tiene mala suerte o que así son todos los hombres. Lo cierto es que el espejo social le está mostrando facetas de sí misma que desconoce. ¿Qué buscan ellos en ella? ¿Y ella en ellos? ¿Por qué todas sus parejas parecen ser el mismo problema con diferente nombre? Hay mucho que podemos aprender de las situaciones y las personas que se nos acercan una y otra vez. Algo que debemos cambiar y que talvez no queremos aceptar. Pero cuando hayamos observado y sanado esa faceta interior, las imágenes que veremos en el espejo social serán diferentes.

El espejo que habla.

A veces no necesitamos estar tan atentos al espejo social para descubrirnos, ¡él mismo viene y nos dice cómo somos! Una vez más, no me refiero a la gente que sólo te critica. Pero algunas veces nosotros queremos pensar muy bien de nosotros mismos y la imagen que todos los demás perciben de nosotros es bien distinta. Nos creemos dulces y abiertos y todos dicen que les da miedo acercarse a nosotros. O nos creemos valientes y todos nuestros amigos opinan que somos cobardes (talvez porque nosotros nos juzgamos por lo que haríamos y ellos nos juzgan por lo que hacemos).

La próxima vez que te encuentres defendiéndote contra la opinión del mundo entero y tratando de explicarles a todos que eres muy diferente y que su percepción es errónea, trata de observarte y de escuchar con atención al espejo que habla. Seguro te ayudará a saber dónde está la mancha de tu ropa.

Ahora tenemos dos herramientas de adentro hacia fuera. Y dos herramientas de afuera hacia dentro. Y las dos nos enseñan a conocernos, a manifestarnos, a aprovechar nuestra vida y a darle su valor. Es una creación nuestra. Igual que nosotros somos nuestros propios escultores. Y el mundo es sólo la manifestación de estas personas que somos.

Si lo exterior es sólo un reflejo de lo interior: empieza con el interior y empieza ya. Todo comienza con un pequeño paso. Con una semilla. Con una sonrisa. Con un durazno. Con una loza lavada. Con algo pequeño.

El Mahatma Gandhi dijo: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Qué razón tenía.

El Loco
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