LA SABIDURIA INTERIOR (1ra parte)


 “¿Porqué escuchar a Dios afuera si lo podemos escuchar adentro?”

“Y el niño se quemó la mano y rápidamente la retiró del fuego. Y la salvó”
“Y el erudito se quemó la mano, y después de razonar sobre el dolor y el fuego encontró que donde antes había una mano ahora sólo había un muñón lastimado”.

Voy a intentar describir la diferencia entre lo que es la sabiduría y lo que es el conocimiento. Quien escribe esto es un aprendiz, como quizás lo seas tú; pero si algo de valor puede aportarte, estará muy contento de hacerlo. Porque es compartiendo como recibo, y probablemente tu sabiduría me alcance.

Expondré brevemente algunos conceptos. Si algo en tu interior te dice que hay algo de valor en ellos para tu vida interior, talvez quieras continuar leyendo los pequeños apartados más específicos que compartiré enseguida. Si en tu interior existe rechazo a este mensaje, te pido de favor que lo deseches sin miramientos: aquí no habrá nada de valor para ti.
La Sabiduría de Dios está en Ti. El Amor de Dios está en Ti.

Todos nosotros somos parte del mismo Espíritu. Todos nosotros somos parte de la misma Vida. El Flujo de la Vida corre a través de todos nosotros y nosotros fluimos dentro de su movimiento. Somos parte ineludible de Él. Él es parte de nosotros. Somos UNO. Así que las leyes de su Sabiduría y de su Amor están siendo recitadas a coro, infinita y perpetuamente a través de toda su creación. Porque Él es todo. Y porque Él es Amor y Sabiduría.
Así como el agua fluye a través de todo el río sin que seas capaz de separarlos, o de concebir el río desprovisto de agua, así también el Amor y la Sabiduría corren a través de toda la Creación de Dios sin que puedas separarlos de ella.

Mi hermano. Mi hermana. Esta es la primera cosa que quiero poner de relieve. La sabiduría de Dios se observa en la vida misma. Nosotros debemos observarla en nosotros y los delfines deben observarla en los delfines. ¿Estoy desestimando el valor de los libros sagrados? No. Los libros sagrados lo son porque lograron plasmar en palabras la naturaleza de la verdad más profunda (tanto como pudieron, porque es imposible hacerlo) o el camino que nos llevará a la experimentación de esa verdad (esto es más fiable; quizás se quedarían cortos a la hora de describir lo que se consigue en la meta, pero pueden mostrarnos el camino con toda claridad y hasta enseñarnos a andarlo). Pero primero se ha observado. Primero se ha vivido.
La vida debe ser primero que la letra, porque de esta manera la letra será sabia.
Cuando la letra se antepone a la vida, el resultado es una vida torcida.

Es fundamental reconocer que la Sabiduría está dentro de nosotros. Resulta fundamental reconocer que somos Amor. Así que aquí entra en juego un aspecto interesante.
Si somos amor y sabiduría, ¿Porqué me siento tan ignorante y tan poco amoroso? ¿No es esto una contradicción? Podemos pensar que esto es tan ilógico como pensar que el agua carezca de humedad. Yo estaría de acuerdo. Pero pensar en esto no nos aprovecharía en absoluto así que lo dejaré de lado. Como debemos dejar de lado todas las cosas que no entendemos y que nos hacen daño. No es necesario entender todo. Y dado que el instrumento que usamos para intentar entender es la mente (que juega al dime que te diré, tesis- antitesis), me atrevo a decir que no sólo no es necesario entender todo; sino que es imposible entender todo. Pido al Espíritu que nos sostiene que nos de el valor para no desperdiciar nuestro tiempo.

¿Porqué siendo Amor y Sabiduría me siento tan ignorante y tan poco amoroso? Porque no me conozco. Porque he perdido el contacto conmigo mismo, y porque al perder el contacto conmigo mismo he torcido mi vínculo con la Fuente.

Es posible que ya hayas escuchado esta metáfora, si es así, agradezco la amabilidad con la que me escuchas: Alguien que observaba a un elefante de circo notó que este permanecía en su lugar atado por una pequeña estaca que podría arrancar fácilmente con sus fuertes patas. Al preguntar cómo esto era posible, le respondieron que la estaca no siempre fue demasiado débil para el elefante; al elefante lo ataron a esa estaca desde que era un bebé, cuando ciertamente no podía arrancarla y escaparse. Así que aprendió a base de repetición y doloroso fracaso, que era imposible arrancar esa estaca; y ese patrón de conducta se estableció en él como algo permanente incluso ahora que es grande y fuerte.
Es posible que hayas escuchado esto de labios de alguien que quería inspirarte con un discurso motivacional. Aunque la metáfora puede ser usada para eso, es otra cosa la que yo quiero poner de relieve.
El bebé elefante “fue educado” desde pequeño para desconocer su poder.

De la misma manera el bebé humano “fue educado” para desconocer su sabiduría y su amor.
Puede resultar difícil reconocer que el gran elefante no arranque la estaca; quizás tanto como reconocer que los hijos de la Sabiduría y el Amor se sientan contaminados por la ignorancia y el odio. Resulta difícil explicarnos esta situación hasta que reconocemos que fuimos educados para alejarnos de nuestro interior.
El daño está hecho. Esto hay que aceptarlo.

Ahora, habiéndolo aceptado, vienen las buenas noticias. Si queremos convertirnos en una fuente de bondad para los demás, no tenemos que crear esa fuente. Porque “somos” esa fuente. Lo único que tenemos que hacer es quitarnos la venda de los ojos. Desaprender lo que nos ha alejado de nuestra realidad interior es el primer componente de la receta. Fortalecer el vínculo con nuestro Espíritu practicando otras habilidades es el segundo componente de la receta.
Sólo quitarnos la venda de los ojos.

A continuación te describo los apartados que quiero compartir, para los amigos que puedan tener un interés particular en alguno de ellos.


LA SABIDURIA INTERIOR (2da parte)
¿Increíble?: El Espíritu Hablándonos A Través Del Cuerpo

Tu cuerpo “ES” el Espíritu hecho carne. Decimos de los Grandes Maestros Espirituales que hicieron carne y sangre el Espíritu de Dios. Yo diría que ellos siguieron fielmente las leyes que el Espíritu les marcaba en su interior, y que con base en esa fidelidad a ellos mismos (que es fidelidad a Dios mismo dentro de ellos) lograron que esa perfección se expresara en el mundo exterior sin interferencia de la mentira que separa, o de los actos estúpidos que destruyen. Te concedo que el Espíritu no está hecho carne a la perfección en el cuerpo de todos nosotros; que unos están más vinculados que otros. Pero la misma ley está escrita en todos nosotros, porque todos nosotros nacimos de la misma Madre, y del mismo Padre. El grado de perfección con que se exprese esta Sabiduría dependerá del aprendiz mismo: de la impecabilidad con la que fortalezca el vínculo y se libere de los obstáculos que hacen sinuoso el contacto con el Espíritu; contacto que debería (y puede) ser directo y limpio.

Los chamanes han sabido desde hace mucho tiempo algo que los médicos modernos empiezan a reconocer: que el Espíritu y la mente afectan directamente al cuerpo.
Han reconocido que las leyes del espíritu y de la naturaleza que se dejen de cumplir van a producir sufrimiento en el mundo manifestado.
Por lo tanto también descubrieron que la mejor forma de enseñar las leyes del Espíritu es a través del cuerpo mismo: “la mente puede descartar la idea con la que no está de acuerdo, pero el cuerpo no puede descartar el sufrimiento que tiene sino hasta haber destruido la causa”; y la causa del sufrimiento es siempre un alejamiento del Espíritu.
Los chamanes descubrieron esto no porque fueran geniales (bueno, quizás sí lo eran). Lo descubrieron sobre todo porque es el método que Dios mismo emplea para comunicarse con nosotros. Ellos sólo tuvieron que observar al Maestro en acción.

Aunque cito a los chamanes en el párrafo anterior, desde luego este conocimiento no es exclusivo de ellos. A algunos de nosotros ha llegado a sorprendernos el hecho de que muchas de las recomendaciones de los profetas a lo largo del tiempo han sido recomendaciones para cuidar del cuerpo. Ahora quizás te resulte un poco más claro: si vas a recibir indicaciones a través de una vía de comunicación, más vale que esa vía de comunicación esté en las mejores condiciones posibles.
Dado que todos nosotros tenemos un cuerpo, este conocimiento es universal.

¿Porqué digo que las leyes del Espíritu se expresan a través del cuerpo y no a través de la mente? Porque es una entidad de la que no te puedes evadir. El juego de la mente se da con los conceptos, bueno-malo, esto-aquello, que se basan en información que recibimos y que aunque rara vez comprobamos casi siempre se toman como realidad absoluta. Cuando una información no comprobada (que te dijeron que era definitiva) choca con otra información no comprobada (que también te dijeron que era definitiva) no tienes más que hacer malabares para que siga teniendo lógica, o buscar que tenga sentido a través de más información, que por supuesto, tampoco comprobarás.
Muy pronto en la vida nos damos cuenta de que la información que nos llega pocas veces es de fiar. Sin embargo seguimos confiando en la mente porque creer que tenemos todas las respuestas nos da un sentimiento de seguridad y de superioridad; todo esto a pesar de que estemos experimentando sufrimiento.

El cuerpo, a diferencia de la mente, es una entidad coherente y conectada con las leyes de la naturaleza. El cuerpo no puede dejar de lado el sufrimiento que experimentamos cuando cometemos una estupidez. La mente podría justificar nuestra acción, y si lo que hacemos nos gusta, buscaremos todas las ideas y teorías necesarias para poder darnos el permiso mental de hacer lo que queremos. Pero el sufrimiento estará ahí. El cuerpo sabrá y nos recordará que estamos torciendo el vínculo con nosotros mismos.

El cuerpo no hará esto de una forma moral. El cuerpo hará esto porque está en su naturaleza. El cuerpo, al ser parte directa de la naturaleza, experimentará directa y espontáneamente los resultados de nuestras acciones y si estas están o no en orden con el Espíritu. Es como una retroalimentación que el Espíritu nos da de forma sensible, acerca del rumbo que estamos tomando hacia el contacto con nosotros mismos, o hacia la ruptura del vínculo. Si tenemos que desconectarnos de los mensajes de nuestro cuerpo para seguir haciendo lo que estamos haciendo, podemos entender que esa acción está desordenada con respecto al fluir cósmico (como el niño que tiene que desobedecer todas sus señales internas para disparar y asesinar a sus padres, o el concursante de un programa de televisión que por unas monedas come vísceras crudas).

Tu cuerpo “ES” el Espíritu mismo, hablándote de momento en momento.
Piensa en cómo se siente tu cuerpo cada vez que eres generoso o realizas cualquiera de las llamadas “acciones virtuosas”.
Piensa en cómo se siente tu cuerpo cada vez que realizas acciones viciadas.
Ahora, antes de que pienses que voy a empezar a hablar de moralidad: hay cosas que nos han enseñado como buenas, que van en contra de la sabiduría del cuerpo-Espíritu. Hay cosas que nos han enseñado como malas que están a favor de la Sabiduría interna.
Ahora piensa también en otros aspectos de tu vida. Piensa en cuando querías protestar legítimamente contra algo y luego por temor lo dejaste de hacer. Tu mente lo hizo aparecer exteriormente como una acción virtuosa, pero dado que el móvil de tu acción no fue el perdón, sino el temor, tu cuerpo experimentó la incomodidad de una acción cobarde. No estoy diciendo que debas quejarte de todo lo que te desagrada (te volverías insoportable y estaríamos fortaleciendo aspectos inútiles de nosotros mismos). Lo que quiero resaltar es que el cuerpo es un maestro formidable, porque a diferencia de la mente y de las personas amables: él no nos miente.

Así que mientras la mente “cree”, el cuerpo “sabe”. Esto lo saben todas las madres. De casi todas las madres he escuchado anécdotas acerca de cómo eligieron cuidar de sus hijos en un aspecto particular, desatendiendo las recomendaciones de los médicos en ése renglón, y obtenido magníficos resultados.
Casi todos nosotros hemos tenido encontronazos entre lo que los estudios científicos (o los amigos mal informados) nos dicen que es más saludable para nosotros, y lo que nuestro propio cuerpo experimenta.
Mientras la mente tendría que estudiar mucho de química y las reacciones químicas internas del cuerpo para saber si una solución es venenosa o curativa, el cuerpo sólo tendría que tenerla en la boca.
Esto sería cierto con respecto a los hábitos de comida y bebida, de sueño, ejercicio, etc.

También es cierto en aspectos más elevados de la vida. Nosotros “sentimos” si un trabajo es el adecuado para nosotros, si alguna amistad o pareja potencial es sana para nosotros, si lo que nos enseñan será beneficioso o perjudicial para nosotros, si la experiencia espiritual que estamos teniendo puede ser más profunda, etc.

Cuanto más lejos estamos de las leyes cósmicas, tanto más profundo será el malestar que experimentamos.
Esto es cierto tanto para los aspectos que podríamos denominar superficiales, como por ejemplo: si no duermes durante varias noches, si no comes lo necesario, si desperdicias tu energía sexual, etc.
Pero también es cierto para los aspectos más profundos, como por ejemplo: tu cuerpo te avisará en forma de malestar cuando estás siendo cruel con otros, cuando te olvidas de mantenerte en contacto con tu corazón, cuando estás dejando que el miedo y no el amor sea el consejero que te ayuda a tomar tus decisiones, etc.
Esto es válido incluso para las más altas realizaciones espirituales que se te puedan ocurrir.
Del Buda: “tu cuerpo es una posesión muy valiosa, es el vehículo hacia la realización: trátalo con cariño”.
De los maestros taoístas: “lo que el hombre no aprende dentro de su mismo cuerpo, no lo aprende en ninguna parte”.

Durante algunas experiencias de “conciencia acrecentada” hemos podido observar que los individuos con preguntas existenciales profundas, con anhelo de conocimiento de Dios a su nivel más profundo, o respuesta a las encrucijadas en la vida, muchas veces encuentran la respuesta a su pregunta en algún órgano del cuerpo, o en todo él; a través del cual se dan cuenta de que las mismas leyes que operan en su cuerpo, operan en el universo entero. Y que por lo tanto cuando se conocen profundamente y modelan su conducta conforme a ese conocimiento pueden, si lo quieren, prescindir de directrices externas.

He de hacer una advertencia que también me hago a mí mismo.
El aprendiz debe ser impecable tanto en su intento por descubrir las verdades dentro de sí mismo, como en su intento por aplicar esas verdades una vez descubiertas.
Usando los ejemplos que mencioné en la 1ra parte: el alcohólico siente que su cuerpo le pide alcohol, y el promiscuo culpa a su cuerpo de aguijonearlo con sensaciones de lascivia.
¿Qué tan confiables son las señales que envía el Espíritu a través de su cuerpo?
Bien, ningún mensaje que provenga efectivamente del Espíritu va a causar sufrimiento en el futuro, ni a sí mismo, ni a otros. Jaque mate mentecita.
A veces el cuerpo va a experimentar un poco de dolor mientras se reconecta consigo mismo (como las temidas “crudas” o los “síndrome de abstinencia” tanto físicos como morales).Pero sabe que a la larga le espera la salud y el bienestar.
Llamo vicio a todo hábito o conducta que juega con los sentimientos de bienestar-malestar del cuerpo para hacernos caer en acciones que son negativas para nosotros y para los demás.
Evitemos todas aquellas acciones cuyos resultados no nos gusten.

Mi amigo. Mi amiga. La sangre de Dios corre por tus venas. Y si reconocemos esto y dejamos que nos nutra, podremos expresar ése Espíritu Divino que tan fervorosamente busca manifestarse en esta Tierra. En estos, sus cuerpos.
Que seas feliz. Que te conozcas y te vincules contigo mismo.
Que seas feliz!!

LA SABIDURIA INTERIOR (3ea parte)
La Mente Contemplando Al Espíritu

Una mente educada permite al Espíritu fluir con libertad.
Una mente descontrolada impide al Espíritu fluir con libertad.

Así que lo que quiero decir es esto: una mente desbocada no es una mente libre. Nuestra visión debe ser holística y no limitada.
Dicho de otro modo:
Un Espíritu libre requiere de una mente disciplinada.

¿De qué valdría la libertad si ejecutáramos actos cuyas consecuencias nos van a esclavizar a la miseria y el dolor? Antes de responder cualquier cosa, por favor recordemos que ésta no es una pregunta hipotética. Ése es precisamente el estado actual de toda la humanidad: Todos nosotros disponemos efectivamente de libertad para hacer lo que queramos (aquí y ahora) y sin embargo nos sentimos esclavizados por las circunstancias que nos han creado nuestras acciones (voluntariamente elegidas).

Vivimos en un mundo en el que podemos elegir lo que queremos hacer, pero regido por leyes que no podemos transigir. Leyes como acción-consecuencia, o “lo que das recibes”. Entonces, podemos elegir lo que hacemos, pero la repercusión de nuestros actos dependerá de la ley que hayamos tocados con ellos.
Por ejemplo, podemos elegir saltar desde la cima de un edificio, pero difícilmente podríamos elegir sustraernos a la ley de la gravedad. Lo más seguro es que si nos arrojamos desde la cima de un edificio nos estrellemos contra el piso. Podemos elegir gritarle a la gente, pero no podemos hacer que no nos respondan.
Todos estos comentarios fueron sólo para poner el asunto de la libertad en un nivel más real, lejos de las divagaciones filosóficas.

Pero como estamos hablando del camino espiritual, hablemos entonces del tema que nos atañe, y con el que abrí este capítulo.
El Espíritu “ES” efectivamente libre, aquí y ahora; así como el agua es siempre húmeda y fluida. Pero así como al agua se le puede poner un dique para impedirle fluir libremente, así también al Espíritu se le puede poner un dique. El dique del Espíritu es la mente. Así que aquí no hay términos medios. O el Espíritu disciplina a la mente, o la mente esclaviza al Espíritu.

La mente es un instrumento hecho para ser pasivo, no activo. Es decir, la mente debe “observar” y “percibir” al Espíritu; no definirlo, ni hacerlo encajar dentro de sus conceptos. De esta forma se convierte en una amiga del Espíritu, y no en una rival.

Permíteme un ejemplo. Vas de vacaciones a un lago y al poco rato de estar ahí, ves a un niño correr a toda velocidad, escapando de otro mientras grita como enloquecido. ¿Qué es lo que pasa? Puedes interpretar varias cosas:
a)    están jugando.
b)    el segundo efectivamente quiere golpear al primero.
c)    Te invitan indirectamente a que los regañes por su mala educación.
d)    Quieren molestarte
e)    Sus padres quieren molestarte
f)    El universo conspira para arruinarte las vacaciones, etc.
Lo cierto, es que viste a un niño correr a toda velocidad, escapando de otro mientras grita como enloquecido. Todo lo demás es una interpretación de tu mente, que está condicionada por lo que cree, lo que te ha pasado, lo que le ha pasado a tus amigos, y hasta por tu estado de ánimo.

Este es el primer aspecto para hacer de la mente la amiga del Espíritu: sólo observa, no juzga. Sólo percibe, no explica. Está presente en la realidad, no está ausente en los conceptos.

Entonces, el primer punto es que la mente, al igual que los ojos, está hecha para observar. No para molestarse porque la Realidad es diferente de lo que le enseñaron.

Si soportas un comentario más acerca de experiencias en estados de “conciencia acrecentada” te platicaré que algunas personas se espantan al verse separados de sus conceptos, o se pelean con el Espíritu porque no coincide con lo que su mente les ha dicho que “debe” ser el Espíritu, o definitivamente deciden enredarse en su mente en lugar de detenerse un momento a observar. Y todo ello, a pesar de que el Espíritu es hermoso y amoroso. Todo a ello a pesar de que están experimentando una paz y un amor indescriptibles. Pero al mundo del Espíritu no puedes entrar con una mente llena de conceptos acerca de lo que las cosas deberían ser. ¿Qué es el “debería” ser?, la negación de lo que “ES”. Y como el Espíritu sencillamente “ES” pues entonces no hay vuelta de hoja. Y no importa si nuestros conceptos son exactos desde el punto de vista explicativo, no “son” el objeto observado (en este caso el Espíritu), y por lo tanto salen sobrando. Es como poseer la colección de libros más detallada y extensa acerca del agua: no importa lo exacta, sublime y cierta que sea, no podría quitarte la sed en el desierto. Percibir al Espíritu implica dejar afuera la mente. Por eso todas las disciplinas meditativas coinciden en la necesidad de educar a la mente. Como el Espíritu está presente en todo, lo único que se necesita para verlo es una mente que deje de proyectar mentiras.
¿Recuerdas la parábola del camello pasando a través del ojo de una aguja? No creíste que el Maestro estaba descalificando a la gente sólo por tener dinero ¿verdad? (de la misma manera que no la descalificaría sólo por no tenerlo). No podemos pasar al “Reino de los Cielos” cargando todo lo que hemos “acumulado” en la vida (creencias, prejuicios, preconceptos, teorías, miedos, deseos, conocimientos, libros, etc).
Así que muy sencillo: dejamos afuera toda nuestra “riqueza” mental, lo que hemos acumulado; y entonces entramos al mundo del Espíritu que es siempre nuevo, fresco y libre…Bienvenido de vuelta hermano.
 Bebe el agua, no la leas. Primera forma de hacer que la mente sea amiga del Espíritu: observa, no creas.

La mente humana no sólo es capaz de percibir, sino también de recordar y hacer que lo que ha aprendido tome forma en un sistema capaz de ser enseñado. Esto puede sernos útil siempre y cuando respetemos la primera regla que hemos mencionado antes. Es decir si un concepto choca con la Realidad, siempre hemos de preferir la Realidad. Entonces, lo que digamos, escribamos o comuniquemos de cualquier forma estará en consonancia con la Realidad del Espíritu y podrá ayudar a nuestros hermanos; aunque es necesario repetir que siempre serán ellos los que tendrán que experimentar la Realidad. De esta forma, tienes la garantía de que lo que dices está en consonancia con el Espíritu (porque lo observó o se sumergió en Él, y no se peleó con Él). Darás testimonio del agua y no de los libros. Aún así nuestro hermano tendrá que beber, porque el agua que bebemos nosotros no le quita la sed a él.

Dos venenos contaminan a la mente humana en su camino a convertirse en una amiga del Espíritu (y nuestra) en lugar de en una enemiga.

El primer enemigo es el miedo.
“Hijo no salgas a la calle porque te va a llevar el roba-niños”
“Adopta mis creencias y haz lo que yo te digo porque si no lo haces vas a ir al infierno”
“Si muestras tus sentimientos los demás sabrán que eres débil y te van a destruir”
El miedo como enemigo significa que hay cosas que dejamos de hacer para evitar algo que nunca hemos visto, y que quizás nunca veamos.
El miedo se basa siempre en una mentira. Es un guardián de fantasía, y por eso es un enemigo tan formidable: como no es real, nos imaginamos que si hacemos lo que queremos hacer, algo horroroso y desproporcionado nos va a pasar.
Si hay algo bueno para nosotros y bueno para los demás que dejamos de hacer por temor a las consecuencias, o a lo que dirán los demás, (o a cualquier cosa que honestamente calificaríamos de fantasía si fuese otro el que no lo hiciera) entonces estamos esclavizados por el miedo.
Le mente se limpia del miedo haciendo aquello que tememos.
De esta forma limpiamos nuestra mente de las mentiras que nos han inculcado y que detienen la expresión de nuestra libertad y felicidad interiores.

El segundo enemigo es la necedad.
“Tú has todo lo que quieras, que al fin y al cabo Dios está presente en todo”
“Comamos y bebamos (y otras cosas, de forma irresponsable) que mañana moriremos”
“Pues sí, fulano se murió cuando se lanzó del puente, pero yo tengo que ver qué me pasa a mí”
El miedo coarta nuestra libertad al convencernos de no hacer algo para evitar un mal que existe sólo en nuestra mente.
La necedad nos hace seguir haciendo cosas que nos dañan.
Por ejemplo, una persona con miedo dejaría de ir a una fiesta para evitar irse al infierno (o degenerarse, o que se burlen de ella, o lo que sea).
Una persona necia se reiría de ese proceder, por considerar tonto temer a algo inexistente (lo que se basa en un pensamiento lógico, aunque mal expresado), pero en la fiesta se pondría una tremenda borrachera (ya que de todos modos no hay infierno que temer), sin reparar en las consecuencias de sus actos (una terrible cruda) que le traen sus acciones.

Considero invaluables los mensajes de quienes han enseñado a vivir más allá del miedo y la mentira. Considero necesario añadir que si queremos vivir felices debemos liberarnos también de la necedad.

El guerrero espiritual debe quitarse los miedos que lo atan, pero también debe evitar la necedad que lo hace caer en acciones que lo dañan.

Si has vencido en tus batallas es porque has peleado en lugar de retroceder. Si eres invencible es en virtud de tu habilidad y no de tu arrogancia.

El guerrero debe manifestar las cualidades de la fortaleza y el valor para vencer al enemigo del miedo. El guerrero debe manifestar también las cualidades de la humildad y la flexibilidad para vencer al enemigo de la necedad.

¡Más allá del miedo que nos esclaviza! ¡Más allá de la necedad que nos trae sufrimiento!
Hacia la libertad que nos pertenece. Hacia la felicidad que merecemos.

Una mente que observa y que se libera de los dos venenos está más allá del dualismo.
Y conoce mejor, sin necesidad de juzgar.

Tú ya conoces esta Realidad. Re-conócela ahora:
No todo el que habla de temas espirituales es un hombre espiritual.
No todo el que se niega a hablar de temas espirituales es un hombre materialista.
Lo importante es el contacto con el Espíritu. Y fortalecer el vínculo con Él.
Si el humano no daña su cuerpo, ni su mente. Si el humano no daña el cuerpo ni la mente de los demás. Entonces es un humano a través del cual se está expresando el Espíritu; prefiera lo que prefiera su mente para alimentarse, ella ha reconocido su lugar:
Como Amiga del Espíritu.

Que el fuego del Espíritu nos consuma hasta convertirnos en el mismo Fuego.
Que seamos felices! Que tengamos paz!
Con esto quiero decir: Que tú seas feliz. Que tú tengas paz. Ése es mi deseo.

LA SABIDURIA INTERIOR (4ta Parte)
Despertando A La Vida

Dos hombres tenían cada uno una casa que estaba ardiendo en el fuego. Dios les dio el mensaje de la situación en la que estaban y les dijo cómo cambiarla. Uno despertó y el otro no.
¿Sabes como distinguirlos?
El que despertó apagó el fuego.

Las personas tenemos algunas ideas interesantes acerca de lo que significa estar despierto. Eso es algo que sabe cada cual.
Hay diferencias entre estar despierto, y cambiar de opinión.
A menudo la persona materialista que se hace espiritualista dice que despertó.
Un líder político nos pide que adoptemos su punto de vista y para eso nos dice: “despierta”.
Cambiar de punto de vista no es despertar. Si cambiamos nuestras opiniones materialistas (que son puramente intelectuales), por opiniones espirituales (que son puramente intelectuales), entonces hemos permanecido en el mismo nivel; puramente intelectual.
Si tomamos veneno en nombre de dios, y si tomamos venenos en nombre del dinero el resultado será el mismo: vamos a morir envenenados.

El asunto de despertar va más allá de los procesos intelectuales, o de la información que tenemos.
El proceso del despertar es un cambio de Vida. Un cambio de vida efectivo, en el que el sufrimiento y sus causas van quedando de lado, para dejar su lugar al Amor y la Dicha. Este proceso es casi siempre gradual.
Uno ya tiene ojos, no es necesario crearlos, pero si están vendados no podrá ver adecuadamente.
De igual manera, uno ya es Amor, sólo que nuestros ojos espirituales están vendados y eso nos impide darnos cuenta. Despertar es quitarnos ésa venda (o ésas vendas).

Tu vida mi hermano. Tu vida mi hermana. Tu vida es lo que me interesa. En la vida podemos darnos cuenta de cómo va nuestro proceso hacia el despertar.
Recordemos que San Francisco de Asís y la Santa Inquisición se apoyaban en el mismo Evangelio. “Su Vida” es lo que era distinto. De poco sirve la enseñanza más grandiosa si la vivimos con miedo y con crueldad.
La persona que despierta se reconoce en dos sentidos:
1.- Percibe su vida, y lo que en ella acontece de una forma libre de veneno emocional. No sufre por las circunstancias que llegan a su vida (llámense medio ambiente, relaciones personales, dinero, emociones, búsqueda espiritual, etc.).
2.- Siembra semillas dulces (actos que al dar fruto lo harán feliz a él y a los demás).
Sabe que lo que siembra habrá de cosechar, por lo tanto suelen ser muy cuidadosos a la hora de actuar.
Suelen tener más cualidades (muchas más), pero estas dos me parecen de las más representativas.

Nuestro trabajo, en mi opinión es despertar a la Realidad de lo que somos.
Ser nosotros mismos. Eso es. Nada más.
A medida que nos damos cuenta de eso, se despierta en nosotros el deseo de ayudar a los demás. Así como el que presencia una hermosa puesta de sol, o un hermoso amanecer llama a quien está a su lado para que lo presencie también. Como quien recomienda una comida sabrosa.
Si la gente decide no mirar el horizonte, o probar otra comida; no nos ofendemos. Esa es la manera de proceder.

¿Cuál en mi opinión NO es una forma correcta de proceder?
Discutir con la gente para que despierte es como darles una bofetada para que les deje de doler la mejilla. No sólo demuestra que no practicamos lo que predicamos; también los aleja del despertar y de nuestra compañía. Recordemos que somos nosotros los que queremos despertar, y por lo tanto somos nosotros quienes debemos manifestar las cualidades del Amor y la Tolerancia. Además, aunque resulte muy familiar, tiene razón el dicho de que se atraen más abejas con miel que con hiel.

Otra forma inútil de tratar a los demás cuando se quiere su despertar es sufrir porque no son como uno quisiera. Sentir el dolor de los demás como propio y actuar para ponerle fin, es una virtud (como cuando alguien tiene sed y le ofreces un vaso con agua). Pero sufrir porque la gente está dormida (como cuando te vas triste a tu casa porque nadie te quiso escuchar, o perder el sueño por lo que consideras las atrocidades del mundo) es un vicio. Es un vicio porque no te sirve a ti, ni a nadie. Y es un vicio también porque pone a otro como dueño de tu sentir (“si el mundo no deja de sufrir yo tampoco”); lo que significa que si el mundo no despierta, yo tampoco. Creo que aquellos que queremos despertar debemos tener bien clara la diferencia y dejar de lado los sentimentalismos inútiles. Si hemos de actuar con nobleza, adelante actuemos. Pero desenmascaremos los disfraces del miedo: sufrir por algo que no va a cambiar no está en armonía con el despertar.
Lo mejor que podemos hacer por los demás, es servir de ejemplo.

El despertar maravilloso y hermoso se desenvuelve en la vida diaria. Y casi siempre es nuestro prójimo el espejo en el cual nos descubrimos; el espejo en el que podemos ver la imagen del Creador si estamos atentos. Cuando ellos actúan con benevolencia podemos ver las virtudes celestiales expresarse en este mundo terrenal.

Cuando actúan de una forma que no nos agrada podemos enfocar la atención en dos cosas.
1.- En nuestro crecimiento.
2.- En lo que consideramos sus errores.
Sólo una de estas alternativas nos hace crecer. Sólo una de ellas nos da felicidad.
Cuando el cielo está nublado y no nos gusta, podemos hacer dos cosas.
1.- Andar tristes mientras hay nubes, y pensar que el cielo se equivocó.
2.- Ajustar nuestro ánimo de forma que aprendamos a observar la belleza de las nubes.
Con los humanos es lo mismo.
El proceder del prójimo está tan fuera de nuestro control como el clima de la región en la que vivimos. Dejar de tomarnos las cosas personalmente es uno de las cualidades que nos guían con certeza hacia el despertar. Ver de la misma manera a las nubes y a nuestros semejantes es un acto de poder formidable.

La Verdad de lo que llamamos mundo espiritual y la Verdad de lo que llamamos mundo físico, es la misma Verdad. No están peleados. No existe contradicción entre ambos. No hay nada en el mundo espiritual que no pueda ser observado también en el mundo físico; porque como bien se dijo: “como es arriba es abajo”.
Sugiero dejar de lado los desequilibrios de las personas que promulgan una “verdad espiritual” completamente peleada con los fenómenos naturales. Sin retar ni discutir, lo más sano es dejar de creer en teorías no comprobables.

“Cada acto espiritual tiene su correspondencia física”, esa es otra forma de decirlo. Así como cada cuerpo tiene su sombra, y cada imagen ante el espejo tiene su reflejo.

Comprobar, no creer. Esta es la síntesis utilizable de las funciones mentales. Muchos critican la posición de Santo Tomás en la resurrección de Jesucristo; y sin embargo, él fue el único que pudo tocar lo que otros sólo miraron. El Maestro se lo permitió. Porque es una enseñanza formidable: los hechos (incluso los espirituales) deben ser comprobables.
Dicho esto, debemos reconocer que el Espíritu y nosotros, somos ambos mucho más profundos y hermosos de lo que pensamos que somos. Vivir de hechos y no de teorías es una parte de la receta para descubrir al Espíritu; la otra parte de la receta es estar abiertos (sin escepticismos inútiles) a la Realidad del Espíritu para tocarla y gozarla cuando se presenta ante nosotros.

Lo miramos lejano, casi siempre. Pero recordemos que el Espíritu fluye por todos lados. Cualquier cosa que existe en este universo que Ha creado puede ser un excelente mensajero para ti; ¡cualquier cosa! El canto de un ave, la algarabía de un perro que expresa cuanto te estima meneando su cola, un beso, un mensaje dicho con palabras, el latir de tu corazón, el aliento que te sostiene…Así que no descartes la posibilidad de experimentarlo en todo su esplendor en cualquier momento; no descartes que te pueda estar susurrando en este momento, o en tus ratos de distracción, el camino por el cual debes andar para descubrirlo…para recuperar lo que te pertenece como herencia espiritual.

Anda por esta Tierra, y vívela, y ámala y gózala; pero no te olvides de ti mismo… Que tan pronto como quitas la mirada del espejo dejas de ver tu reflejo pero sigue existiendo tu Presencia, y el aliento que te da vida. Eres Tú el Dios que estás buscando…eres Tú la felicidad que tanto anhelas.
¡¡Despierta!! Date cuenta. Conócete, despierta. Y ayúdame a Despertar también.
¡Que todos los seres sean felices!, y que tú y yo recordemos que somos parte de ése “todos”…y seamos felices.

Un abrazo fraternal.
El Loco
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